Oración por las buenas amistades
Toma un momento de tu día para encontrarte con Dios. Reza esta oración palabra por palabra, o déjala inspirarte para hablar con Él con tus propias palabras.
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Dios mío, quiero regocijarme en Ti, saber que eres el padre de amor que me cuida y siempre está pendiente de mí, Señor. Porque yo soy parte de tu hermosa creación y el cariño que sientes por todos tus hijos es inmenso e incondicional.
Me postro frente a Ti con la humildad en el corazón, sabiendo que intento mejorar como persona cada día, Padre amado. Y quiero que mi espíritu logre alcanzar la hermosa promesa de tu reino celestial donde no existe más que felicidad y juventud.
Señor, el mundo está lleno de personas en general que puede mostrarnos sus verdaderos sentimientos como también pueden engañarnos. Yo temo, Dios mío, que mi amistad se la confíe a las personas equivocadas y luego esto pueda causarme algún daño.
Ha sucedido ya, mi Dios, que la traición o la calumnia ha llegado a mi vida a través de ciertos hombres y mujeres que decían llamarse mis amigos y resultaron sólo deseando el mal para mí, amado Padre. No quisiera volver a pasar por lo mismo, pues es muy doloroso.
Por eso te pido, mi Señor todopoderoso, que me permitas conservar a mis buenas amistades, a aquellos amigos que, así como yo, desean únicamente mi bienestar y harían todo lo posible porque me vaya bien en la vida. Eso quiero también para mí, amado Dios.
Y para el mundo en su totalidad, santísimo Señor, que haya siempre paz entre los que convivimos en este planeta tan hermoso que nos has regalado. Que la sinceridad esté presente en el corazón de todos mis hermanos y hermanas alrededor para que traten con cortesía y bondad a todas sus amistades y mejorar de esa forma sus relaciones, con voluntad.
Reconozco, mi Padre, los numerosos pecados que he cometido, pero te pido que no mires mis faltas sino la esperanza que guardo de obtener tu perdón y empezar a corregir mis equivocaciones, pues nada deseo más que enmendar mis errores y hacer el bien.
Te doy gracias, mi Señor, por las bendiciones entregadas a mi vida, porque aquí en este mundo me puedo considerar una persona muy satisfecha con lo que tiene y todo se debe a Ti, mi Padre celestial y solamente a Ti.
Por eso te alabo siempre, Altísimo. En todo momento y en todo lugar estoy glorificando tu nombre, dando testimonio de tu inmenso poder por las hermosas cosas que has logrado conmigo. Me enorgullezco de poder llamarte mi Padre y me regocijo al saber que me amas.
Permite que pueda conservar las buenas amistades que ahora tengo, mi Señor. Y si más personas llegaran a mi vida, que sus intenciones para conmigo sean las mejores y siempre se muestren transparentes y bondadosas conmigo, Dios Padre.
Te agradezco por este espacio de diálogo, este momento de oración que me has regalado y por el cual yo siento mucha paz y tranquilidad en mi interior. Como Tú nadie existe, mi Dios. Tú conoces lo que mi corazón tiene guardado desde el inicio de mi vida.
Y así, por tu Santa Gracia, puedes comprender lo que me pasa y dar solución a mis agobios, a mis penas. Te pido que oigas mis palabras, te lo pido en nombre de tu Amadísimo Hijo nuestro Señor Jesucristo, pues Él es el único camino que lleva hasta Ti. Te bendigo, Dios mío. Amén.
Padre amado, no permitas que la inquietud por buenas amistades me aparte de ti. Al contrario, que esta oración se convierta en un puente que me acerque cada día más a tu presencia. Enséñame a esperar sin desanimarme, a trabajar sin desconfiar y a agradecer antes incluso de ver la respuesta.
Padre santo, pongo en tus manos esta petición: buenas amistades. Acógela como quien acoge una semilla en buena tierra: cuida su crecimiento, protégela de la sequía y del frío, y hazla fructificar en el momento que tú sabes que más la necesito. Yo confío en tu amor, que nunca falla.
Señor Jesús, que la paz que nace de esta oración acompañe todo lo que haga hoy. Cuando vuelva a pensar en buenas amistades, que mi primer impulso sea volver a ti, porque tú dijiste que quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Padre amado, no permitas que la inquietud por buenas amistades me aparte de ti. Al contrario, que esta oración se convierta en un puente que me acerque cada día más a tu presencia. Enséñame a esperar sin desanimarme, a trabajar sin desconfiar y a agradecer antes incluso de ver la respuesta.
Buen Pastor, guíame mientras camino con esta intención puesta en ti: buenas amistades. Cuando me canse, recuérdame que tú cargas con lo que yo no puedo; cuando dude, hazme escuchar tu voz que llama por mi nombre; cuando tropiece, levántame con la dulzura con la que levantas a los tuyos.
Amén. 🙏
Reflexión para tu oración
Cuando rezamos por buenas amistades declaramos, sin decirlo con palabras, que Dios puede lo que a nosotros nos resulta imposible. Esa confianza agrada al Señor más que mil sacrificios. Por eso, antes de pedir, conviene detenerse un momento y dejar que el corazón se tranquilice en su presencia.
Y si la respuesta llega distinta a lo esperado, no lo interpretes como un cierre. A veces Dios, que ve el conjunto de nuestra vida, guarda para nosotros algo mayor. Quien ora por buenas amistades con el corazón abierto acaba descubriendo que fue escuchado más de lo que pidió.
La fe se alimenta rezando y se debilita abandonando la oración. Por eso, cada vez que reces por buenas amistades, añade un gesto concreto: una sonrisa, una llamada pendiente, un acto de generosidad. Así tu oración se hace vida y tu vida se hace oración.
Recuerda: orar no es informar a Dios de nuestras necesidades, él ya las conoce; orar es abrirle la puerta de nuestro corazón para que entre y transforme. Déjale entrar también en lo que tiene que ver con buenas amistades y en todo lo que lo rodea.
Rezar en comunidad multiplica la fuerza de la petición. Comparte esta oración con alguien de confianza y pídele que rece contigo. Donde dos o tres se reúnen en su nombre, él mismo promete estar presente, y nada de lo que pidamos con fe cae en saco roto.
Cómo rezar esta oración
- Reza esta oración al comenzar el día, cuando el corazón está más sereno.
- Relájate: una postura cómoda y la respiración lenta ayudan a concentrarse.
- Lee cada párrafo dos veces: la primera para comprender, la segunda para rezarlo.
- Añade tus propias peticiones, en especial las que no salen con palabras.
- Termina con la señal de la cruz y guarda una frase de la oración para repetirla durante el día.
Versículo para acompañar tu oración
«Mi mandamiento es este: que os améis unos a otros, como yo os he amado.»
— Juan 15:12
Amar como él amó es la medida más alta de toda relación.
Que esta oración sea para ti fuente de consuelo, fuerza y esperanza. Dios nunca deja de escuchar a quien lo busca con corazón sincero.